Todavía no escuchamos a Tanguito

Todavía no escuchamos a Tanguito

POR NAHUEL ORTEGA

La obra de Tanguito permanece como un enigma, al igual que su muerte y la canonización de su imagen en leyenda. La historia olvidada detrás del tango feroz.

Me gusta pensar que todavía no descubrimos a Tanguito. La vida de Tango fue una vida desgarrada. A sus jóvenes pero curtidos 26 años José Alberto Iglesias murió de forma misteriosa, atropellado por el ferrocarril San Martín que conecta Retiro con Caseros, su lugar de nacimiento. Desde entonces el rock estuvo en deuda.

La mirada sobre el fenómeno Tanguito se posicionó rápidamente en la construcción de una leyenda, y en este desplazamiento simbólico la obra poética y musical de Tango quedó silenciada por un muro de habladurías. La tergiversación (y reducción) del artista en mito llegó a su máxima expresión en la película Tango Feroz, La leyenda de tanguito (Marcelo Piñeyro, 1993), una pésima imitación del filme The Doors de Oliver Stone (1992) en la que Fernán Miras interpreta a un Jim Morrison argento y machirulo. En la película da todo lo mismo: El Ché Guevara, el Rock, la juventud, todos signos que combinados ejercen un efecto de sentido rockero-juvenil-antisitémico. Dentro de este marco lo único que queda son jóvenes rockeros que combaten al capitalismo en una resistencia que no resiste y en una revolución que atrasa. En fin, un chiste de rebeldía menemista. El filme no solo niega la verdadera historia, sino que además ignora el legado musical que Tanguito dejó a sus seguidores y al movimiento del rock nacional. Tango fue uno de los primeros en cantar en castellano –Miguel Abuelo fue otro- y con el tiempo muchos artistas imitaron sus recursos expresivos. Lo paradójico entonces es que Tango inventó el rock nacional y el rock nacional después lo descartó. Hablar de Rock Nacional como un rótulo quizás sea la primera respuesta.

Los que nunca nos dijeron de Tanguito

En 1966 los altos mandos de las Fuerzas Armadas arrebataron el poder político en la Argentina y dieron comienzo a la Revolución Argentina, una sucesión de gobiernos militares autoritarios que hasta 1973 se encargaron de anular toda actividad política, clausurar y censurar los medios de comunicación y reprimir cualquier forma de manifestación rebelde. Durante estos años se llevó adelante una inquisición cultural basada en la censura de las nuevas formas culturales juveniles cimentadas en la política y el rock. En este contexto, el único rol que le cabía al rock para poder sobrevivir era el de generar un nuevo mercado de música nacional que pudiera vender discos a escala masiva. Y si bien el rock se afirmaba como un movimiento contestatario, siempre podemos encontrar algo más abyecto que lo abyecto. Los grupos que se pusieron de moda y consiguieron vender su rebeldía, grabaron sus discos, mientras que todos aquellos que no pudieron ser convertidos en mercancía fueron marginados a las plazas y a las calles. Tanguito, obviamente, pertenecía al segundo grupo. Quizás por eso en la actualidad los registros sonoros que disponemos de Tanguito son escasos, porque su arte era fuertemente anticomercial, de protesta en serio, un grito de liberación que el rock no supo escuchar.

Nuevos discos, nuevas drogas

Mediante la casa grabadora RCA / Victor, Los Gatos lanzaron La Balsa el 3 de julio de 1967. El simple superó los 250.000 discos vendidos y se convirtió en el himno beat de los jóvenes argentinos. Por su parte, el sello Mandioca, La Madre de los Chicos comandado por Jorge Álvarez, dió albergue a muchos grupos que más tarde se convirtieron en hitos fundamentales del rock argentino como Manal y Los Abuelos de la Nada. Mientras tanto, Tango reterritorializaba las plazas. Como gozaba de cierta fama por haber compuesto La Balsa junto a Litto Nebbia, comenzó a tener un grupo de seguidores que lo acompañaba a todos lados. La mayoría eran jóvenes más chicos que él que rechazaban la vida burguesa en la que habían sido criados y que se dedicaban simplemente a divagar por la ciudad.  Si en la época de La Cueva y La Perla de Once los bohemios se hacían llamar “náufragos”, al final de la historia Tanguito y sus amigos ya estaban completamente aislados, delirados en un mar continuo de metanfetaminas inyectables. Drogas como el Pervetín eran legales en aquella época y además eran baratas, por lo que se conseguían fácilmente en cualquier farmacia. Así fue que mientras la juventud se sumergía en el furor de la nueva ola beat, Tango se fue alejando en su propio enjambre.

Apodado “El rey de los hippies” por los medios sensacionalistas, comenzó a darse duro junto a Alex Piedras, su amigo pincheta y compañero de picos oscuros e interminables.  A esta altura ya nadie lo bancaba, salvo Moris por ejemplo, que le prestó una guitarra aun sabiendo que Tango jamás se la devolvería. O incluso el mismo Javier Martinez, a quien debemos la grabación que Ramsés VII (verdadero nombre artístico de Tango) realizó en 1970 en los estudios TNT. Un año después de la muerte de Tanguito, el sello Mandioca publicó este registro que finalmente resultó ser un fracaso comercial. Por lo que se logra escuchar en la cinta Tango está completamente ido en un viaje de luz y de tristeza. Lo que se escucha es un lanzarrayos que dispara palabras desde una dimensión desconocida, pero poéticamente arrolladora.

Más poeta que ninguno, Tango fue la semilla, pero también fue un árbol que la historia oficial se encargó de talar. Un día escuché la caída de ese árbol y encontré la cinta definitiva. Año 1967, en los mismos estudios TNT, un joven Tango de 22 años se muestra luminoso, encendido y transmite todo lo que siente como un proyectil que nos explota en la cara. Cuarenta y dos años después la cinta fue editada en CD bajo el nombre Yo soy Ramsés, por un pequeño sello llamado Kelito Records. El procesamiento del sonido en esta edición fue bastante pobre, pero gracias a los milagros de la técnica un fan consiguió remasterizar el álbum y lo publicó en una calidad ampliamente superior. Este usuario subió el disco a Youtube y al hacerlo nos permitió, por fin, escuchar a Tanguito por primera vez. El video tiene tan solo 60.000 visitas, cifra insignificante si la comparamos con la cantidad de veces que escuchamos los “clásicos” del rock nacional. Sí, no escuchamos a Tanguito, pero todavía estamos a tiempo.

Si te gustó y querés más notas como ésta, colaborá por un mundo más zángano clickeando acá!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.