Nosotros: pronombre peligroso

Nosotros: pronombre peligroso

POR MILAGROS MON
FOTO POR COLOGENS

Diciembre es el agua que hierve en la vereda. El calor del asfalto que nos sube por las piernas. Son las corridas y el cansancio de otro año que llevamos encima. Guardamos en nuestra memoria corporal la experiencia de esos fuegos en el cuerpo, de esa transpiración en la piel; guardamos en nuestra memoria colectiva el diciembre de un principio de siglo: el diciembre de estallido, de helicópteros y calles, de represiones y presiones, de lo público tomado por asalto y poderes destituyentes que instituimos.

Repensar diciembre no es hacer balance del año que se va, de lo bueno y lo malo que nos pasó, de lo que perdimos y ganamos. Cálculos. No repensar diciembre, sino volver a diciembre para poder pensar. Yo tenía diez años en el 2001. Mi único recuerdo experiencial es ver a mi viejo con la cacerola en el balcón, al grito de “que se vayan todos”. Lo que vino después, para mí, fue todo discurso sobre el acontecimiento. Mi cuerpo se vio plagado de una subjetividad agitada al calor de la “década ganada”. Universidad pública, amigos militantes, cuotas varias, espacios comunitarios, pedagogía critica, Estado, organización, consumo. ¿Cuál fue la potencia insurrecta del diciembre que este cuerpo no transitó?

Quiero volver a diciembre, pero diciembre estalla. No sabe quedarse quieto. Y esa potencia insurrecta copa las calles, grita, canta, camina, marcha, tira piedras, corre de los gases, se tapa la cara, ríe, se abraza, baila. Mientras el presidente Macri, 23 Gobernadores y más de la mitad de los diputados le dan la espalda, la potencia insurrecta acontece. Y es desborde.

Fuente: svorgan.tumblr.com

Que no les pese guardianes de la moral: ninguna revolución se hizo de forma pacífica. Tampoco lo fue ese diciembre que  les cagaron los ahorros con el corralito (aunque parecen haberse olvidado). No podemos dejar que se confundan tan fácilmente. Nuestra potencia insurrecta no son las piedras y los palos; es el grito determinante y los cuerpos que se juntan. El piedrazo le dolerá al poli de turno por un rato,  pero  el nosotros que camina es la dolencia eterna de los saqueadores seriales de este país. Esa “tropa dispersa, pero no vencida” (sic Diego Sztulwark) que sabe refundarse, recomponerse, rearmarse, salir.

Algo se abre. Nos duele la reforma. Nos duele la cana en moto pasándole por arriba un pibe. Nos da rabia profunda el show televisivo y los diputados oficialistas haciendo festín de la represión. Nos da bronca el cinismo. Eso pasó, eso pasamos. Pero también sentimos, de forma difusa, compleja, inabordable aún, que algo se abrió. Que cuando nos sonreímos, sin conocernos, porque pensamos que la sesión se había levantado, había algo. Que cuando salimos de nuestras casas y en la esquina éramos más de veinte con las cacerolas algo pasaba. Que cuando llegamos al Congreso y éramos miles, el corazón nos empezó a latir más rápido. De una vez por todas nos empezó a latir. Que una certeza se nos vuelve carne: la soledad se combate en ese encuentro callejero e insurrecto.

Yo quería volver a diciembre para poder pensar, y diciembre me dio un cimbronazo contundente. Porque diciembre es aprender a pensar y a actuar en la crisis. Es ver la potencia en la budinera usada como antena parabólica para enganchar el cable. Hay invención.  Recuperemos el ojo para ver esa vitalidad latente.

Ahora habrá que ir por todo. Pudrirla en la calle. Pudrirla en la familia. Pudrirla con los amigos y las amigas. Pudrirla en los bares, en las plazas. En todos los frentes. Tenemos que repensar la centralidad de la experimentación micropolitica como herramienta. Intentar generar una cartografía que nos permita rastrear repertorios irreverentes que no surgieron por la crisis, sino en la crisis, y asumir  que allí hay un saber hacer que se nos escapa. Tenemos que revitalizar una necesaria plebeyización de los discursos que nos permita reapropiarnos de la palabra desde un nuevo lenguaje. Tenemos que abandonar cualquier artilugio moral que pretenda corrernos de eje. Tenemos que apagar la tele y ser políticamente incorrectxs. No podemos franquear ni confundirnos. Como señala el Colectivo Juguetes Perdidos: “esta no es una disputa estrictamente económica, ni estrictamente ideológica, sino ante todo una disputa sensible”. Lo que odiamos del macrismo es su propuesta de vida. Tenemos que encontrar todas las estrategias posibles para decirle no, de forma contundente, rabiosa y profunda, a ese estilo de vida que nos imponen.

Diciembre es calor agobiante, es cacerola y piquete, es piedra volando, es aquelarre feminista, es fiesta popular copando las calles, es cuestionamiento al orden establecido, es vitalidad memoriosa. Diciembre es construcción constante de un pronombre peligroso que insiste: nosotros. Ese es el carácter más subversivo de nuestra revolución.

Alimentemos la llama.

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