Historia ancestral de la infamia

Historia ancestral de la infamia

POR NAHUEL ORTEGA

REFLEXIÓN Y REPRESENTACIÓN MAPUCHE A PARTIR DEL ASESINATO DE SANTIAGO MALDONADO.

 

Noche de los muertos

78 días preguntándome dónde estaba Santiago Maldonado y ahora está a la vuelta de mi casa, en la morgue del Poder Judicial de la Nación. Mientras el juez de la causa Gustavo Lleral daba la primera declaración oficial después de la autopsia, al otro lado de la calle, cientos de personas pedíamos justicia con una mezcla de respeto, bronca y tristeza. La fachada del edificio judicial sobre la calle Junín se convirtió, de un momento a otro, en un santuario de resistencia y búsqueda de la verdad. A veces, en casos extremos como este, no queda otra que gritar: que fue la gendarmería, que se vaya Bullrich, que nunca más, que ahora y siempre. Contra toda lógica, la historia se vuelve paradoja: afirmamos que Santiago está presente pero Macri es presidente. El contraste es insultante, abusivo, una marca más en la lucha contra el terror. Salir a la calle nos sirve para eso, para espejarnos en los otros y reconocer de qué lado estamos.

No es verdad

A primeras horas de la madrugada del sábado 21 de octubre, el diario Clarín publicó la noticia de que Santiago no presentaba lesiones en su cuerpo. En el medio de la nota, el diario online sugería la lectura de otro artículo titulado “El ‘testigo E’: un mapuche que cambió su testimonio y habría dado el dato para encontrar a Santiago”. Este hombre secreto, supuestamente recibió desde la comunidad la orden de culpar a la Gendarmería, y en medio de una “crisis confesionaria” (sic) reconoció haber mentido en su primera declaración. Como si esto fuera poco, después reclamó los dos millones de pesos de recompensa por aportar un dato clave para dar con el paradero de Santiago. La nota es anónima y está escrita en modo condicional, en el texto sorprende el  abuso del verbo “habría”, pues nada de lo que dicen fue. Todo podría haber sido según las “fuentes”, ese significante vacío, las fuentes de la mentira organizada. La potencialidad del terror no tiene límites.

Rey del terror

El terrorismo es la posibilidad de lo imposible, la puesta en acontecimiento de lo inimaginable. Pero el acontecimiento massmediático lo vuelve a su vez imagen, representación, y las representaciones no son más que eso, la re-presentación lejana de una cosa, algo que está en el lugar de otra cosa que no está.

El historiador Rodolfo Casamiquela dedicó su vida a difundir la peor representación que pudo hacerse del pueblo mapuche: “los mapuches son chilenos”. Los medios argentinos, nacionalistas en su esencia, basan sus disparates en los argumentos de los historiadores, pero el único argumento al que recurren es al de Casamiquela, quien entre otras cosas declaró lo siguiente: “La historia es una sola, no se puede cambiar, no puedo decir una verdad demagógica, como un político, yo soy un historiador científico (…) el mayor admirador de la cultura mapuche soy yo (…) A mí me dicen que soy racista, si racista es decir que los mapuches provienen de Chile, entonces soy racista”. El discurso de Casamiquela es la habladuría amiga de la Conquista del desierto y de los terratenientes que se apropiaron la Patagonia. La concepción oficial de la historia que esboza este historiador racista resulta totalitaria, pues para él la historia es una sola y no el resultado de una conquista, ni un genocidio de los pueblos y las culturas, mucho menos un genocidio de la identidad.

Dentro de una de las estancias del grupo Benetton, a pocos kilómetros del Pu Lof Chusamén donde secuestraron a Santiago, se encuentra el Museo Leleque. Fue el mismísimo Casamiquela quien convenció a Carlo Benetton para que gastara 800.000 dólares en montar un museo que narrara la Conquista del desierto como el triunfo de la civilización sobre la barbarie. El museo recibe a sus visitantes con un folleto que advierte sobre los indios que habitaron la Patagonia en un pasado remoto: “herederos de una tradición de una docena de milenios en suelo patagónico, conservaron de sus antepasados paleolíticos su ingenua visión del universo y de los hombres”. Todo museo moderno es antes que nada una narración.

Resistencia ancestral mapuche

Si nos paramos sobre esta representación que hace Casamiquela del pueblo mapuche, no debería sorprendernos la construcción – representación- estigmatización que en los últimos meses se hizo mediáticamente de la RAM. Lejos de ser una organización criminal narcotraficante compuesta por chilenos guerrilleros profesionales que cometen atentados contra la buena vida de los estancieros, la Resistencia Ancestral Mapuche es una ideología; algo que se lleva adentro y constituye una parte fundamental de la identidad mapuche (mapu: tierra, che: gente, que en mapundugun significa gente de la tierra), identidad por la que Santiago sentía empatía. El terrorismo de Estado niega esta identidad, la oscurece, la silencia, le corta la garganta, la vuelve representación. De este modo, el artesano tatuador hippie mochilero nunca existió; siempre fue una construcción mediática ubicada en las antípodas de la vida. El que existió en todo caso fue el Brujo o Lechu o Santiago Maldonado, la punta de un iceberg que en sus profundidades descubrió kilómetros de terror genocida militarizado. Recordemos que al momento previo de su desaparición, Santiago estaba en un corte de ruta que pedía la liberación del lonko del Pu Lof Facundo Jones Huala, todavía preso en la cárcel de Esquel.

Hoy cuando regresé al santuario vi cientos de velas que alumbraban los mensajes y las fotos que la gente dejó en la pared. Dos camionetas de la Policía Federal y algunos agentes uniformados custodiaban el lugar todavía encendido. Mientras volvía a mi casa, atravesado por un río de reflexiones y sentimientos compartidos, pensaba que la lucha de Santiago fue la lucha del pueblo mapuche y que la lucha del pueblo mapuche marcó un antes y un después en la historia argentina. En ese momento recordé uno de los carteles pegados en la morgue que advertía: “tu cuerpo roto es la Argentina rota”.

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