Argentina: un país amarillo

Argentina: un país amarillo

POR TOMÁS MONTEMAGNO

Ganó Cambiemos. Terminaron las elecciones legislativas del 2017 y nuevamente triunfó la misma fuerza política. Además de la presidencia, cuentan con mayoría en la cámara de senadores de la provincia de Buenos Aires. ¿Cuál es la clave del éxito electoral de un gobierno que incrementa su consenso?

Uno de los motivos para elegir a un determinado senador o a un diputado se basa en la experiencia del votante respecto a la gestión gubernamental de dicho postulante. Creo que, en el caso de gran parte del electorado de Cambiemos, este aspecto es poco relevante a la hora de emitir el voto. Repasemos un toque:

Desde lo económico uno de los principales problemas que preocupaba a la población era la inflación. Utilizando el índice IPC de la Ciudad de Buenos Aires, la inflación acumula más de un 60% desde que Macri asumió la presidencia. Sólo con visitar la góndola de cualquier supermercado figuramos que los precios continúan en alza. También los tarifazos de gas, electricidad y agua atentaron contra el bolsillo de los argentinos. Se eliminaron los impuestos a la exportación de trigo y maíz, lo que generó una elevación de precios en el mercado interno de alimentos. Los boletos de trenes, colectivos y subtes aumentaron un 100% respecto al 2015, y el primer anuncio post elecciones legislativas 2017 fue el aumento del combustible de entre un 9,5 y 10%.

La economía doméstica no fue la única que sufrió, también lo hizo la del país. No olvidemos el incremento de la deuda externa de aproximadamente el 50% y los bonos a 100 años. Ah! y también el pago a los fondos buitres sumado a la apertura de las importaciones para “abrirnos al mundo”. La realidad es que más que atraer inversiones aumentó el desempleo a un 9.2%. Son dos puntos desde que Macri asumió. El Centro de Economía y Política Argentina (CEPA) registró más de 230 mil despidos y suspensiones considerando tanto al sector público como al privado (un 84% de ellos obreros industriales). Según el diario cooperativo Tiempo Argentino, con datos de la AFIP y el INDEC, cerraron siete empresas por día desde la llegada de Cambiemos al gobierno. La Asociación Pyme y la Federación de Cámaras y Centros Comerciales de la República Argentina (Fedecámaras) revelaron en febrero de 2017 que durante la gestión macrista cerraron 25.000 locales comerciales y más de 6.000 pymes en todo el país. Nuestros viejos también sufrieron ya que el Ministerio de Salud posibilitó múltiples aumentos en los medicamentos. Además, se redujeron la cantidad de remedios que se entregaban sin costo a los beneficiarios del PAMI, lo que incrementó los gastos de los jubilados sustancialmente.

No sólo eso, a los trabajadores que protestaron -como los de Pepsico o los docentes- se les replicó con palo y balas de goma. Se asignó a jueces de la corte suprema por decreto. Según el Ministerio Público bonaerense, en la provincia de Buenos Aires la tasa de delitos aumentó casi un 4% en el 2016, mientras que para el último informe de la UCA en mayo de 2017, subió un 10% la percepción de inseguridad en territorio nacional. Se intervino AFSCA y la ley de Medios en favor de los monopolios mediáticos; se pasó por encima al congreso con un record de 18 decretos por año. Para colmar estas elecciones, una evidente desprolijidad e irresponsabilidad estatal con respecto al caso Santiago Maldonado, en la que una representante partidaria comparó, con cinismo, el cadáver de Santiago con el de Walt Disney.

Quizás estas medidas gubernamentales no resulten lo suficientemente negativas como para convencer a alguien que vota a Cambiemos a que deje de hacerlo. Sin embargo, considerando este caudal de disposiciones en contra de la sociedad y la democracia, sospecho que dicho votante no repara en la gestión a la hora de elegir al partido amarillo. Pero entonces ¿Qué es lo que tanto atrae al electorado? Aquí, a modo de receta, los elementos necesarios para ganar una elección:

  • 1 Enemigo.

Al no encontrar representación política por parte de la oposición, los votantes de Cambiemos apuestan al masoquismo. Para no volver a las épocas temerosas del kirchnerismo, donde la alteración del orden amenazaba con profanar almas, el electorado prefiere sufrir las consecuencias y aguantar las embestidas económicas y sociales del gobierno. Es que la verdadera oposición es Cristina. Un fantasma; algo a lo que temer. Cambiemos se constituye como un refugio del peligro. Y ¿Por qué CFK es una amenaza? Porque su figura se construye sobre tópicos muy bien trabajados por los discursos de Cambiemos que generan incertidumbre y fobia hacia el futuro.

  • 3 Significantes fundamentales para la incertidumbre (Herencia – Corrupción – Venezuela)

Casi como una historia, el discurso fóbico se estructura en una causa, en un medio y hacia un fin. La pesada herencia trabaja sobre la mezcla de socialismo e inmoralidad y también sirve como salida a cuestionamientos respecto a medidas anti populares. El medio con el que cuenta el enemigo es la corrupción: se trata del enriquecimiento ilícito, de asociaciones ilegales y de funcionarios corrompidos cuyo fin es llegar al poder para llevarse “todo”.  Al final del camino terminamos en un caos bien definido y demonizado: Venezuela. Esa pesada herencia latente, esa mixtura de socialismo y corrupción no nos puede llevar a otro lado. El futuro del que nos salva Cambiemos es un futuro donde reina la pobreza, y los funcionarios ricos y rechonchos que disfrutan de la barbacoa que chorrea por las costillas de su pueblo famélico.

En el discurso de apertura de la sesiones ordinarias del congreso del 2016, Macri dedicó casi veintiún minutos a hablar de la pesada herencia, cuestionando el clientelismo y la corrupción del kirchnerismo. Larreta, en junio de 2017 y respecto a la candidatura de Cristina Kirchner, declaraba en radio La red lo siguiente: “Si no es ella será otro, pero aquellos que vayan por esa opción están volviendo para atrás y creo que la mayoría de la gente votará por continuar con el cambio”.  Para Larreta es volver a la herencia, pero no profundiza en qué desemboca ese pasado, lo deja latente. En julio de este año Macri, en un acto en Santa Fe, se lamentó del presente venezolano y le dio el cierre a la cadena significante que inauguró Larreta: “Venezuela está cada vez peor, hay cada vez más abandono. Primero el dolor y solidaridad con el pueblo venezolano, estamos recibiendo a muchos. No puedo dejar de pensar lo cerca que estuvimos de ir por ese camino”. Y agregó: “Hubiese sido realmente muy difícil, algo tremendo para los argentinos. Por suerte una mayoría decidimos cambiar, decidimos creer en nosotros mismos, vencer el miedo, la resignación que nos querían meter”

  • 1 gato y 1 aparato de marketing.

Cambiemos es un partido político que estigmatiza la política. Se presenta como ajeno a ella. Ellos no son ni peronistas, ni radicales, ni conservadores, ni les interesa hablar en términos ideológicos. Vienen de afuera, como individuos independientes agrupados bajo la consigna de una Argentina mejor y coreando el eslogan de que “sí, se puede”. Los salvadores, nuestro refugio, no pueden decir que vienen de la política porque es el centro de la discordia y es el uso interesado de cualquier acontecimiento que hacen los partidos con el fin de llegar al poder. Tampoco Benetton, Magnetto o Etchevehere pueden gritar a viva voz que quieren un país con flexibilización laboral, quita de retenciones, apertura de importaciones, represión a los trabajadores y monopolios mediáticos. Lo que sí pueden decir es que quieren un cambio, una Argentina mejor, esperanza, una Argentina sin funcionarios corruptos, una Argentina que se vuelva a integrar al mundo, etc. Es por eso que esta vez, la derecha tradicional argentina optó por un aparato de marketing que manipule estas palabras vacías, que no evidencie sus intereses políticos, que se dedique a conquistar los corazones del pueblo cómo sea, que esquive y absorba todos los impactos con una sonrisa en la cara, que haga alianzas con políticos, partidos y agrupaciones en decadencia; Cambiemos es un híbrido invertebrado sin rostro que se adapta a su contexto. Del lado de la sociedad, y a través del voto, sólo queda activar la palanca del cambio: un conjunto de significantes que funcionan en oposición a los significantes negativos que conllevan el kirchnerismo y el infierno venezolano.

El felino es Macri. Acariciado por los grupos de poder, lleva adelante los movimientos necesarios desde el ejecutivo mientras su partido gana bancas en el Congreso. La relación entre la Sociedad Rural, los medios de comunicación y el capital extranjero, y los funcionarios de Cambiemos es la de dueño y mascota. Una relación asimétrica donde la mascota obedece a los pedidos del dueño, a la vez que se dedica a conservar el poder.

Esta receta es aplicable a cualquier sector cuyos intereses sean demasiado deshumanizados para promulgarlos explícitamente. La fuente del poder está en la amenaza al orden y en la creación de imaginarios, mitos, fantasmas y demonios a través de consignas y propagandas. Ya desde el nombre, Cambiemos supone “algo que cambiar”. Se define por oposición a otra cosa que es parte inseparable de su ser. Sobre ese “algo que cambiar” desarrolla toda su estrategia política, siembra miedo e incertidumbre y consigue consenso.

Ahora me pregunto: ¿Qué va pasar con Cambiemos cuándo ya no haya más nada para cambiar? Porque Cambiemos es el hijo malparido de CFK. Es el parásito que la terminó de disecar. Sin Cristina, sin la grieta, sin el kirchnerismo y sin Venezuela, Cambiemos no existe. Insisto: ¿Qué será de su existencia parasitaria cuando ya no tenga dónde vivir? Creo que este enigma lo revelará el acontecer de los hechos.  Lo que ahora podemos afirmar es que el partido amarillo continúa aplicando la receta de la revolución de la alegría y mantiene su hegemonía. Porque ¿Qué peor que un presente de mierda? Un futuro peor.

 

 

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